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Gestión del conocimiento – El Diario


*Lina Fernanda Montoya Alza
Columnista

Hace dos años, mientras revisaba diversos documentos sobre innovación me topé con una entrevista que le hicieron a una de las mujeres más influyentes de la ciencia, la rusa Elena Stashenko, quien concluía que para fomentar la innovación es necesario construir conocimiento.

Esta afirmación me llevó a pensar en uno de los contextos de los que se espera mayor innovación, las industrias culturales y creativas, las cuales se ubican en lo que se ha denominado economía naranja. Para la UNESCO este tipo de economía hace alusión a “el grupo de actividades a través de las cuales las ideas se transforman en bienes y servicios culturales y creativos, cuyo valor está o podría estar protegido por derechos de propiedad intelectual”.

Lo interesante entre lo que plantea la científica y lo que se define como economía naranja es que la gestión del conocimiento se constituye en la base para innovar, sin embargo, en la actual civilización del espectáculo, como la denomina Mario Vargas Llosa, pareciera que la construcción del conocimiento no es en una prioridad para la economía naranja, pues lo que se valora es el producto final independientemente de cómo se llegó a éste, tal característica implica un enfoque eminentemente cuantitativo, pues lo que se reconoce es el número de películas producidas, el número de festivales desarrollados, el total de libros escritos, entre otros datos; lo cual es muy contrario a la razón de ser de la innovación, que en esencia es una apuesta cualitativa, con la que se espera crear nuevas y mejores soluciones a problemas económicos y sociales, y para lograrlo se requiere de procesos de análisis profundos tanto del problema como de las soluciones.

Desafortunadamente esta pobre mirada de la innovación en el contexto de la economía naranja hace que las fuentes de financiación claves y significativas estén centradas justamente en la promoción de los bienes y servicios creados, y no en las etapas iniciales, es decir en el fomento de espacios para la transformación de las ideas que en su etapa final se constituyen en dichos bienes.

Finalmente, favorecer la gestión del conocimiento como vía fundamental para la innovación, implica hacer un llamado para que las universidades, desde los procesos académicos que lideran, integren investigaciones y acciones que potencien a las industrias culturales y creativas, especialmente a las que son no hegemónicas, poco visibles o están en etapa naciente.
*Profesora Universidad Cooperativa de Colombia