Nuevo

Un estrepitoso silencio – El Diario


James Fonseca Morales
Columnista

Semejante al impacto del angustioso grito: “¡Nos hundimos…!”, a bordo de un barco y en una noche tormentosa, es el golpe emocional que produce la lectura de la resolución 1313 del gerente del Hospital Universitario San Jorge de Pereira, emitida el 21 de agosto pasado, declarando la alerta amarilla en el hospital, con fundamento, entre otras, en las siguientes consideraciones:

“(…), el presupuesto de gastos disponible para lo que resta de la vigencia, es insuficiente para garantizar el sostenimiento de 324 camas hospitalarias (…) y 90 camas en el servicio de urgencias (…)” “no hay disponibilidad presupuestal suficiente para cubrir necesidades de talento humano en salud especializado y suministro de insumos críticos requeridos para culminar la vigencia”

Y, como un llamado a recoger sus sobrevivientes, solicita: “la adopción de un Plan de Emergencia a la Secretaría de Salud Departamental, la Red privada de alta complejidad del departamento, la Secretaría de Salud Municipal, los entes de control con el apoyo del Ministerio de Salud y Protección Social, de este modo ante cualquier eventualidad, se permita a la población acceder a la atención en salud requerida, (…)”. “ante cualquier eventualidad” suena premonitorio.

El documento, desdichadamente, nos da la razón en los análisis que, a modo de advertencias, hemos publicado en esta misma columna en varias ocasiones. Entre otras, cuando calificamos de inexactas las cifras exuberantes que la gerente anterior presentó en la Asamblea de Risaralda, antes de dejar el cargo.

Cuando, hace un año, advertimos que el déficit del Hospital estaba aumentando cerca de $3.000 millones por mes. Y, en marzo de 2019, cuando escribimos: “En el mismo Hospital tienen claro que el 60% de su cartera es incobrable. Sin embargo, de manera imprudente, por decir lo menos, han elaborado y aprobado presupuestos basados en ella, que, por fuerza, resultan desfinanciados”.

Si no aparece el dinero necesario para rescatarlo, lo que viene para el Hospital San Jorge, como consecuencia de la situación que el gerente actual si describe con total apego a la realidad, es el cierre sucesivo de los servicios, que podría llegar al punto en que su diferencia con el Hospital de Cuba sea solo el tamaño del edificio.

La reacción a la declaratoria de alerta amarilla, del presidente de la junta directiva del Hospital, el gobernador del Departamento de Risaralda, única entidad oficial con capacidad jurídica para inyectarle el dinero necesario para salvarlo; ha sido un estrepitoso silencio.

Cuando ya resulta evidente que el Departamento, propietario formal, no fue capaz de sostener el San Jorge, ¿por qué no lo devuelve a sus legítimos dueños, los ciudadanos de Pereira? Tal vez, una entidad sin ánimo de lucro, en la que tengan asiento la Sociedad de Mejoras de Pereira, algunas Universidades y otros actores con espíritu cívico, pueda salvarlo.

La Clínica Comfamiliar y la Clínica de la Liga de Lucha Contra el Cáncer son ejemplos de la eficiencia en las entidades de salud, manejadas en Pereira, por la Sociedad Civil Organizada.