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Pedro Sánchez ante el reto de formar gobierno en España – Europa – Internacional



Luego de que el rey Felipe VI encargó el miércoles a Pedro Sánchez formar gobierno para ser de nuevo presidente de España, el candidato socialista tendrá que bordar con mucho cuidado todas las negociaciones para no sufrir un nuevo fiasco. La última vez, en julio pasado, fracasó y perdió en las votaciones de investidura.

En el sistema parlamentario que rige España, el candidato se somete a una votación en el Congreso en la cual necesita una mayoría absoluta en la primera vuelta para quedar como presidente. Si no la alcanza, se celebra una segunda y última ronda en la que debe conseguir la mayoría simple (más apoyos que rechazos). Ahí es cuando las abstenciones se vuelven claves.

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Las negociaciones con los demás partidos políticos son protagonistas de esta etapa del procedimiento electoral. La primera jugada de Sánchez, poco después de las elecciones generales del 10 de noviembre, fue conseguir el apoyo de Unidas Podemos (UP), de extrema izquierda. Aunque no se conocen detalles de los acuerdos, se sabe que pactaron un gobierno de coalición.

Tras sumar otros votos de diferentes agrupaciones, al candidato del Partido Socialista Obrero Español (Psoe) le queda un hueso duro de roer: Izquierda Republicana de Cataluña (ERC, por su nombre en catalán), el partido independentista cuyos líderes están encarcelados o fugados de la justicia por celebrar la independencia ilegal (y fallida) de Cataluña en 2017.

España no tiene tiempo que perder. Necesitamos avances y transformaciones, grandes acuerdos de país. Nuestro propósito es que la orientación del Gobierno sea claramente progresista, reforzada por el acuerdo de coalición con Unidas Podemos, con un espíritu rotundamente dialogante. pic.twitter.com/BkNptzRMty

— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) December 11, 2019

Sánchez no puede ceder demasiado ante las pretensiones independentistas porque siempre ha señalado no estar de acuerdo con la secesión de esa comunidad autónoma y, además, no puede echar leña en el fuego político. Pero necesita su abstención, dado que el Partido Popular (PP), de derecha, declara que va a votar en su contra.

ERC lo sabe; sin embargo, no tiene ningún afán. Prefiere esperar al desarrollo de su congreso y al desenlace de algunas decisiones judiciales que atañen a sus líderes presos o fugados.

Este lunes tendrá lugar la vista oral, en Bruselas, sobre la nueva euroorden que dictó España contra Carles Puigdemont, expresidente de Cataluña, que decretó la independencia de esa región. Madrid lo pide en extradición. Y, por otra, el 19, el Tribunal de Justicia de España decide si Oriol Junqueras, exvicepresidente catalán preso por la proclamación de independencia, está protegido por una posible inmunidad como parlamentario. Puigdemont está alerta porque, en tal caso, él podría recurrir en el mismo sentido.

El 21 y el 22 de diciembre, además, se celebra el congreso de ERC. El Psoe teme que se acuerden posturas que compliquen las negociaciones. Por ello,

Pedro Sánchez, presidente gobierno en funciones ha intentado formar gobierno pero no lo ha logrado.

Foto:

Sergio Pérez / Reuters

Lo novedoso de esa ronda es que Quim Torra, presidente de Cataluña, está incluido. Los independentistas habían reclamado ese acercamiento. Y también entran en el grupo otros dirigentes con los que el socialista hasta ahora no había conversado: EH Bildu (independentista vasco) y Vox (el nuevo partido de extrema derecha).

Sánchez también se reunirá con Ciudadanos, partido de centroderecha. Inés Arrimadas –su actual portavoz en el Congreso– aboga por un pacto entre Ciudadanos, Psoe y PP. Este último se niega, sin embargo, a apoyar a Sánchez.

Calendario en la mano

Aunque aspiraba a formar gobierno antes de que acabe el año, no es tarea fácil. ERC no tiene afán, puesto que disfruta del “refinado placer de la política: tener la sartén por el mano”, en palabras del periodista Iñaki Gabilondo.

Y Sánchez no se expondrá a una votación de investidura sin garantizar los votos que necesita para ser elegido presidente, luego del fracaso de julio.

Según el calendario electoral, no hay límite para fijar la fecha de las elecciones de investidura. Pero una vez que se celebra la primera sesión, tiene ocho semanas para formar gobierno; de lo contrario, se convocan elecciones automáticamente.

Todos los partidos políticos tienen claro que España no toleraría una nueva convocatoria a elecciones (sería la quinta en cuatro años). Por ello, Sánchez tiene que desarrollar habilidades de malabarista para cerrar las negociaciones necesarias sin ceder ante los puntos que los socialistas defienden, como la negativa a la independencia catalana.

JUANITA SAMPER OSPINA
Corresponsal de EL TIEMPO
Madrid