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En España, Pedro Sánchez espera su investidura – Europa – Internacional



La larga e intrincada dificultad para constituir gobierno que ha tenido que sufrir el máximo líder del Partido Socialista Obrero Español -PSOE-, Pedro Sánchez, es un anuncio de lo que enfrentará durante los próximos cuatro años como presidente de España, si sale elegido -según se prevé- este martes en la segunda votación de investidura.

Uno de los principales problemas que deberá resolver el nuevo gobierno es la búsqueda de una salida para evitar que en el futuro se produzcan bloqueos políticos cuando no se obtiene una mayoría en el Congreso para gobernar. En España se han celebrado cuatro elecciones generales en cuatro años. El presidente deberá, pues, promover una reforma en ese sentido para evitar que ello ocurra de nuevo.

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La dificultad proviene de que el multipartidismo actual obliga a pactar entre las diversas fuerzas políticas en el parlamento para conseguir una mayoría absoluta, siempre esquiva.

Al ciudadano español le cuesta entender que su voto pueda tener un destino imprevisible. Ocurre cuando opta por determinado candidato que luego, para conformar gobierno, debe aliarse con políticos por los que él jamás hubiese votado.

La idea de que gobierne al país el candidato que más votos logre podría abrirse paso, pero tendrá en su contra a los partidos pequeños, cuyo juego consiste en ser determinantes a la hora de constituir gobierno.

Polarización e iniciativas sociales

Sánchez llega a la presidencia de España con cierta debilidad política y bajo un clima de extrema polarización.

Al haber obtenido el gobierno con una mayoría simple, tendrá que enfrentar una fuerte oposición por las llamadas “tres derechas”: Partido Popular -PP-, Ciudadanos y Vox. Estas agrupaciones subrayan como nefastos los acuerdos con Unidas Podemos, grupo de extrema izquierda liderado por Pablo Iglesias, y con los separatistas encabezados por ERC, Esquerra Republicana de Catalunya, que tuvo que firmar Sánchez para obtener suficiente apoyo en la investidura.

Pedro Sánchez, durante un acto electoral en Gijón.

Foto:

José Luis Cereijido/ EFE

A los electores de derecha, y a sus representantes en el Congreso, les molestará la derogación de la reforma laboral, el aumento de impuestos a los más ricos, que la clase de religión no se tenga en cuenta en el promedio de las calificaciones, la vía política y el diálogo para resolver el problema catalán y la promoción de una ley de eutanasia, entre otros proyectos acordados.

Tampoco les resultará grato ver a los dirigentes de Unidas Podemos ocupando ministerios. En apenas seis años, Podemos (simiente de Unidas Podemos) se abrió camino desde las protestas en carpas en la plaza central de Madrid hasta alcanzar el poder ejecutivo. Nació en plena crisis económica a partir de un movimiento llamado 15-M, aburrido de los malos manejos del sistema. Fue una irrupción en el panorama político que protagonizaron durante cuatro décadas dos partidos: el PP y el PSOE. Ahora tendrá un vicepresidente y cinco ministros.

Cataluña

El tema catalán divide matemáticamente en dos a los españoles. Están los separatistas, por un lado, y los constitucionalistas, por otro. Son dos fuerzas que juegan a la polarización política, encabezada por los grupos que defienden la secesión de Cataluña y quienes no quieren que se resquebraje la unidad de España.

La dificultad para Sánchez es enorme. Él mismo se planteó el desafío de dialogar. Pero sabe que no todo está en sus manos. La rama del poder judicial tiene su propio camino y desjudicializar a los separatistas no parece fácil. Mientras afuera el Parlamento Europeo pide que a los separatistas elegidos se les reconozca como eurodiputados, adentro el Tribunal Electoral Central decidió que el presidente catalán, Quim Torra, no podrá continuar como diputado regional y, por tanto, deberá abandonar la presidencia de esa región.

La sanción a Torra se debe a que no conservó la neutralidad política durante la campaña electoral de abril de 2019. Mientras tanto, nueve políticos catalanes pagan condena de hasta trece años por participar en el intento de desmembramiento de Cataluña.

Se trata, pues, de un escenario arrevesado con pronósticos imprevisibles.
Si no se presenta una situación extraordinaria, como una votación en contra el martes o una moción de censura imbatible en el futuro, Sánchez tiene cuatro años por delante para demostrar que de la debilidad puede salir una buena gestión de gobierno.

Juanita Samper Ospina
Corresponsal de EL TIEMPO
Madrid