Nacida en Apartadó, en una familia campesina bananera, Perxides creció entre enseñanzas de esfuerzo, disciplina y justicia. La violencia marcó su infancia con el asesinato de una de sus hermanas, hecho que obligó a su familia a desplazarse. Años después, migró a Medellín, como miles de mujeres afrocolombianas, en busca de oportunidades que nunca llegaron en condiciones dignas.

Su ingreso al mundo del trabajo doméstico estuvo atravesado por la informalidad, los bajos salarios y la falta total de reconocimiento. Durante años trabajó como empleada interna, sin contrato, sin salario mínimo y sin prestaciones. “Nunca me pagaron un salario mínimo legal vigente”, recuerda.

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La llegada de sus hijos la llevó a replantear su vida laboral y a buscar trabajos por días, una experiencia que profundizó su conciencia sobre la discriminación racial, la explotación y la ausencia de derechos para miles de mujeres en su misma situación.

El punto de quiebre llegó en los asentamientos informales de Medellín, primero en Santo Domingo y luego en Villatina, donde Perxides comenzó a liderar procesos comunitarios con familias desplazadas. Allí aprendió a gestionar ayudas humanitarias, a interponer denuncias y a exigir respuestas institucionales.

Ese liderazgo territorial llamó la atención de organizaciones como Carabantú y la Escuela Nacional Sindical, que la invitaron a participar en una investigación sobre las condiciones del trabajo doméstico en Colombia. Fue en ese proceso donde surgió la idea de crear un sindicato exclusivo para trabajadoras domésticas.

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